Iván Duque: pocas luces muchas sombras

Su llegada fue una sorpresa pero ya pasaron 4 años desde que se convirtió en uno de los presidente más jóvenes en la historia de Colombia. Haremos un breve repaso de lo que fue su mandato.

A menos de dos meses de acabar su cargo como presidente de Colombia y sin saber quien será su sucesor es un buen tiempo para hacer un breve análisis sobre lo que fue la presidencia de Iván Duque. En este espacio hemos adoptado como principio analizar la realidad de la manera menos sesgada posible, más allá que Duque no es alguien de mi gusto político considero pertinente dejar atrás las emociones y centrarse más en los hechos ocurridos en estos cuatro años.

A medida que he ido creciendo he aprendido a desligar las emociones más fuertes cuando se vive unas elecciones políticas. Después de haber visto por algunas décadas el trabajo de diferentes presidentes (tiempo donde ninguno de mis candidatos ganó) entendí que tal como hay que desechar la idea de un cielo en la tierra si mi candidato gana; del mismo modo hay que dejar atrás la creencia que si el que no nos gusta vence significa que se viene un colapso social.

Iván Duque fue elegido hace 4 años por dos razones principales, la primera que era el candidato de Álvaro Uribe y la segunda era evitar la llegada de Petro al poder. Álvaro Uribe durante dos décadas fue la estrella de la política colombiana, su nivel de poder le ha permitido hacerse reelegir y poner dos presidentes. El caudillismo y la megalomanía de Uribe le dieron la fuerza suficiente para que el hasta hace 5 años muy poco conocido senador Duque hoy fuera el gobernante de Colombia.

Duque y su padrino político Álvaro Uribe

Por otro lado, el miedo anti Petro era más fuerte en aquel entonces, las estrategias falaces que amenazaban con que Colombia se convertiría en Venezuela con la sola victoria de la izquierda fueron suficientes para llevarse 10 millones de votos que le dieron las llaves de la casa de Nariño.

Una pregunta que me rondaba en aquel entonces era sobre el cómo se evaluaría la presidencia de Duque. ¿Con el sólo hecho que Colombia no viviera una situación como la del vecino país era suficiente para decir que la presidencia estuvo bien?. Para algunos es suficiente pero a pesar que técnicamente el objetivo se cumplió lo que vemos hoy es un alto índice de desaprobación de su gestión. Este descontento es tal que lo más probable es que el próximo presidente sea su opositor en 2018: Gustavo Petro.

Otra consecuencia seguramente indeseada para los partidarios de este movimiento político fue el debilitamiento del uribismo o al menos del partido que representaba dichos valores es decir el Centro Democrático. ¿Qué ha pasado para que la presidencia de Duque se haya convertido en un obstáculo en los deseos del uribismo de mantenerse en el poder?.

El primer año y medio:

Durante el inicio de la presidencia de Duque sus polémicas giraban en torno a su condición de ser un títere de Álvaro Uribe. Aspectos de su personalidad fueron objetos de burla y desde antes de tomar el poder ya tenía la fama de ser un tipo que vivía de hacer shows. Se criticó en este periodo su tendencia a hacer constantes viajes internacionales (algunos innecesarios) lo que generó la similitud con el expresidente Andrés Pastrana, que dicho sea de paso no tiene una muy positiva imagen pública.

A pesar de ello en los primeros meses no pasó mayor cosa, en cierto sentido era la continuación del status quo. Hablamos del tradicional mediocre crecimiento económico y los problemas de seguridad que tristemente son parte del paisaje. Las primeras polémicas serias se dieron entorno al aumento del asesinato de lideres sociales y su decisión de romper los diálogos de paz con el ELN después del atentado en la escuela General Santander en Cúcuta.

Otro punto criticable en este tiempo fue la decisión de poner a Darío Acevedo como director del programa de memoria histórica. Esto fue importante debido al trabajo que se está haciendo con respecto a la construcción de una narrativa sobre lo que fueron los años más duros del conflicto en el país. Darío Acevedo es reconocido entre otras cosas por negar la condición de guerra que ha sucedido en Colombia; lo que trae consigo unos claros sesgos a la hora de elaborar este relato histórico.

Otra consecuencia seguramente indeseada para los partidarios de este movimiento político fue el debilitamiento del uribismo o al menos del partido que representaba dichos valores es decir el Centro Democrático

Duque decidió apostar por un gobierno técnico en el cual incluía en su gabinete personas de un calibre más operativo y con tendencias a favorecer ideas neoliberales. El ejemplo por excelencia de este tipo de perfil es el del controvertido ex ministro de hacienda Alberto Carrasquilla. Duque también siguió la línea uribista de capturar o asesinar a las cabezas de grupos delincuenciales, aspecto que le brindó triunfos mediáticos como lo fueron los casos de alias «guacho» y «Otoniel» .

Otros sucesos con cierto grado polémica fueron la elección de Alejandro Ordoñez como representante en la OEA, esto por supuesto interpretado como un claro favor político al sector más conservador del país el cual fue clave en su elección.

Quizás el punto más álgido de la primera mitad de su presidencia fueron las protestas en noviembre de 2019. Este suceso vino inspirado de la situación en Chile donde hubo una generación de jóvenes que estaban cansados de un modelo político y económico que desembocó en un cambio constitucional. En aquel entonces era evidente un descontento social que solo fue frenado con la llegada de la pandemia, sin embargo su continuación se dio un año y medio después.

A modo personal diría que los dos mejores aciertos de Duque en este periodo fueron:

  • La creación del ministerio de ciencia y tecnología
  • El cambio del enfoque del programa Ser pilo paga hacia generación E

La presidencia de Duque iba en camino a convertirse en un ejemplo mediocridad y tenía todas las condiciones para ser de ese tipo de gobierno que no generaría importante recordación. Para su bien o mal Iván Duque fue el presidente en uno de los peores momentos para ser jefe de estado. Tuvo que lidiar una situación bastante compleja como la pandemia pero al final este hecho le permitió tener un marco de referencia para ser al menos recordado.

Durante y después del Covid-19

Anuncio cuarentena en marzo 2020

Los humanos a veces olvidamos con pasmosa facilidad que en cualquier momento pueden ocurrir situaciones que cambie por completo nuestros planes. Cualquier jefe de estado que haya estado al mando durante el 2020 va a ser juzgado en especial por la relación con la pandemia del Covid-19. No había plan de gobierno en el mundo que previera esta situación y menos la reacción de la comunidad internacional.

Caber recordar que el modo que los países reaccionaron a esta crisis llevó a que en abril del 2020 un tercio de la población mundial estuviera bajo confinamiento. Desde ese entonces era bastante claro que una crisis económica de proporciones no conocidas en tiempos recientes llegaría.

La catástrofe económica y sanitaria estaba predicha pero esta situación se daba en un contexto donde el resto de las naciones enfrentaba una situación similar. ¿Cómo manejó Colombia la pandemia?. La respuesta a esa pregunta da para un texto completo, más allá de caer en el simplismo de que fue buena o mala mi pregunta es ¿Cómo se puede medir el éxito o fracaso del manejo del covid?, dado que era imposible evitar que la gente muriera de ello ¿Cuál era el número de muertes moralmente aceptables?.

planes. Cualquier jefe de estado que haya estado al mando durante el 2020 va a ser juzgado en especial por la relación con la pandemia del Covid-19.

Acá asumo mi ignorancia y espero que gente con mejores conocimientos me pueda corregir. Mi propuesta es que la estadística más importante en materia de la pandemia es la muerte per cápita. Asumimos que los números reales de fallecidos son superiores a los oficiales, pero también hay que decir que no solo pasó en Colombia sino que el subregistro es un fenómeno general. Dicho lo anterior bajo la métrica propuesta Colombia ocupa el puesto 29 a nivel mundial (hasta la fecha del 26 de mayo de 2022).

0 muertes era imposible y menos de 100.000 también lo parece si tomamos en cuenta la cuestión demográfica. La pandemia se ha llevado más de 150 mil colombianos, pero no sabemos a ciencia cierta que se tendría que haber hecho para que fueran mucho menos. Duque aplicó las cuarentenas y el sistema de salud colombiano se dobló; las medidas de aislamiento se sostuvieron en el tiempo pero tenían que ceder ante la crisis económica que ya dejaba estragos.

Mientras los hospitales se llenaban la situación social no pudo aguantar mucho y aún se recuerdan los famosos trapos rojos. Lo difícil del momento era que ante una economía global paralizada fue necesario sacar dinero para hacer frente a la inversión en el sistema salud y evitar un colapso social debido al hambre y desempleo. Durante los primeros meses de pandemia Duque gozó de su popularidad más alta en todo su gobierno; pero una vez la prioridad de las personas cambió de evitar el contagio del virus a no morirse de hambre otro problema emergió.

En los meses de abril y mayo de 2021 se vivió el estallido social más grande que Colombia haya tenido en sus últimas décadas. Lastimosamente también fue el más sangriento dejando decenas de casos que conmocionaron a la opinión pública. El nivel de represión al que se llegó fue condenado por organismos internacionales. Los excesos de la fuerza pública en este periodo es una de las manchas su presidencia.

Duque se halló en una difícil paradoja ya que tenía un sector de la sociedad cuestionándole la falta de mano fuerte para frenar las protestas. Por el otro lado estaban diversos sectores reclamando por la protección de los derechos humanos en el ejercicio de la democracia. Al final Duque terminó siendo un represivo para unos y alguien blando para otros, perdiendo de este modo el apoyo y la confianza de diferentes grupos.

Vale la pena mencionar que las consecuencias de las cuarentenas fue un aumento en la pobreza y pobreza extrema del país. Altos índices de desempleo y la completa perdida de esperanza en un país mejor son algunos elementos que explican el porqué del paro.

El asesinato de Lucas Villa fue uno de los aspectos más tensionantes en el paro

Hay un asunto donde Duque si tuvo un rendimiento positivo y es en el proceso de recuperación de la economía post pandemia. La tasa de crecimiento económico colombiana es más alta que la de casi todos los países de la región. El mejoramiento del estatus migratorio de millones de venezolanos formalizó su vida económica y les dio la posibilidad de mejorar su nivel de vida. Sin embargo, esto se ve empañado por una crisis global de inflación donde Colombia no pudo escapar. Este aspecto influye de una manera fuerte para una percepción negativa hacia Duque al momento de acabar su mandato.

Es cierto que en general los colombianos hoy vivimos peor que cuando Duque comenzó la presidencia. La buena noticia para él es que este mismo escenario se hubiera repetido con cualquier presidente que haya tenido que afrontar la crisis mundial económica causada por el Covid. La parte mala es que las personas necesitan un chivo expiatorio y en este caso no se apunta a nadie más que él.

Aunque en términos absolutos Duque se ufana de sus logros sobre el mayor crecimiento económico de la historia de Colombia (proceso explicado por la regresión a la media) o una significativa reducción de homicidios, estos factores se dieron por aspectos en los cuáles no necesariamente él contribuyó. De las escasas cosas buena que generó el encierro masivo fue la reducción de los homicidios en el país.

En conclusión Duque fue un Pastrana 2.0, una persona que aprovechó la presidencia para darse unos buenos paseos al exterior y un rol en la vida jet set Colombiana. Fue alguien que tuvo que asumir las consecuencias de su inexperiencia teniendo que cargar desaprobación y mucha burla.

En medio de su mediocridad y sus limitaciones, Duque tuvo que enfrentar el mayor reto global que hasta ahora ha dejado el siglo XXI. A juicio personal lo manejó de una manera aceptable, simplemente porque no había manera buena o excelente de afrontar una situación como estas.

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