Lastimarás a otros

Aunque tengamos la debilidad de querer convencernos que somos buenas personas, en ocasiones nuestros instintos e irracionalidades nos llevarán a lastimar a los demás. ¿Qué hacer ante nuestra inminente generación sufrimiento?

Por años uno de mis mayores orgullos como ser humano era considerarme “buena persona”.  Entendiendo esta idea como la clase de sujeto que no está en procura de hacerle daño a los demás y que de cierto modo tenía un estándar ético más elevado que el promedio. Me indignaba cuando la gente cometía actos que a mi percepción yo no sería capaz de hacer.

Con el paso de los años y entre más errores acumulaba en mi lista de acciones que lamentaba, hice una reflexión que alguna vez compartí en este espacio: todos somos éticamente cuestionables. Asumí mi humanidad y entendí que no siempre fui el bueno de la película y que en muchos casos fui victimario en aquellas microhistorias que tejemos con cada personas que conocemos.

Lo anterior me llevó a replantear el principio de “no hacerle daño a nadie” en búsqueda de una idea que fuera más acorde a la realidad. Los mortales no abandonamos este mundo sin haber causado alguna cicatriz en el alma ajena.  Asumir nuestra sombra y entender que somos tan proclives  a causar sufrimiento como cualquier persona que nos lo pudo haber causado es sin duda una de las mejores terapias a nivel de salud mental que he tenido.

Las leyes de la naturaleza humana de Robert Green. Libro que dio pie a la reflexión de este texto

A los humanos nos gusta sentirnos de algún modo superior al promedio y más en asuntos intangibles. Podemos apelar a que somos más inteligentes, racionales, morales, humildes, sinceros, trabajadores, etc. De cierto modo necesitamos construir en nuestro relato interno que nos otorgue un sentido de valor y esto nos lleva al error de pensar que nuestros estándares morales y éticos son los correctos.

Sin embargo, el homo sapiens es tan complejo como lo son también todas nuestras interacciones sociales y a pesar que tengamos la debilidad de dividir el mundo entre buenos y malos la realidad no es tan simple.   Una de las cosas que hace esta idea más clara es comprender que podemos hacerle daño a otras personas sin necesidad de hacer algo objetivamente malo. 

Hay varias razones para ello y una es que todos tenemos diferentes sistemas éticos y le damos diferentes grados de valor a los mismos actos. Para algunos el cumpleaños tiene tanto valor que juzgan a sus amistades en la medida que recuerden saludarlos durante ese día. A modo personal no lo considero tan importante y no me tomó a mal el olvido puntual de un ser querido. Pero conozco personas que toman dicho olvido como una gran ofensa y realmente son afectadas y lastimadas por no recibir un mensaje.

Los mortales no abandonamos este mundo sin haber causado alguna cicatriz en el alma ajena

Otra de las toscas verdades de la vida es que quienes más amamos son las personas con el mayor poder de hacernos daño o viceversa. Quizás porque a través del amor caemos en el fallo de idealizar al otro y eliminar su humanidad, olvidando así que son capaces de ser egoístas, irracionales o crueles en determinados contextos.  Las relaciones de pareja es un ámbito donde esto se ve más claro ya que al abrirnos tanto hacia el otro esta persona empieza a cargar nuestras complejas necesidades emocionales.

Alguna vez habremos tenido una pelea con una persona por un hecho que nunca pasó, que tranquilamente fue un malentendido o un chisme pero que causó sufrimiento real independiente de los hechos en sí. Ante tal situación lo más recomendable es siempre ser responsable de las cosas que hacemos, pero las emociones que despierta esa acción son algo sobre lo que no tenemos control. 

Los fascinantes estudios de neurociencia han demostrado que las áreas que procesan lo relacionado con el dolor físico son las mismas que manejan los dolores emocionales. Por tal motivo rechazar a una persona que sienta atracción por nosotros pero no le correspondamos es una experiencia real de dolor para el otro. Entendiendo también que hacemos lo correcto al querer cortar el problema de raíz a través de la sinceridad.

La idea tampoco es excluir la responsabilidad personal de generar daño, porque en ocasiones también somos conscientes de lo que producimos y decidimos continuar. Intentamos racionalizar que nuestro acto no es del todo malo incluso invocamos a un bien superior cuando estamos en el lado incorrecto de una situación.  Nuestra mente es muy buena engañando y los más proclives a ser engañados por ella somos nosotros mismos.  

Por eso tenemos que tener cuidado con el que siempre proclama su bondad y no es capaz de aceptar sus propias sombras. Somos imperfectos, un animal en proceso de evolución lleno de irracionalidades y el potencial de hacer cosas terribles. En la vida seremos personas que generaremos emociones negativas en otras (así sean mínimas), seremos causantes de envidias, traiciones o decepciones en cualquier punto de nuestra historia. 

Ante tal situación lo más recomendable es siempre ser responsable de las cosas que hacemos, pero las emociones que despierta esa acción son algo sobre lo que no tenemos control. 

Es importante dejar la creencia que jamás le haremos daño a otros, así sea un mínimo dolor causaremos en los demás seres, es más importante determinar cuales son esos limites que no debemos pasar. Esto también es una herramienta que nos ayuda a perdonar más fácil, entendiendo que cuando somos atacados no necesariamente proviene de un acto deliberado de maldad sino producto del ser irracional e imperfecto que somos.

La relación que tenemos como especie con nuestros pares nos pondrán en muchos momentos en la situación de la victima o victimario, en cualquier caso el consejo es en saber sobrellevar lo primero y reconocer lo segundo.  Mi propuesta sobre este tema no ha variado y es poner los limites de nuestro actuar en el respeto de los derechos de los demás.   

Mi propuesta para crecer en nuestra relación con los otros  es ser consciente que seremos perpetradores de daño, bien sea de manera consciente o inconsciente.  Esta herramienta más que una licencia para buscar maneras de maltratar sin el menor grado de vergüenza; es mejor usarla como la base para la empatía y la compasión que son los motores de nuestros más generosos actos.     

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