Existencialismo, evolución y la envidia

La envidia es una de esas emociones que generan conflictos en la convivencia humana. Está en nosotros porque ha sido útil para antepasados en su proceso evolutivo. A pesar de ello el conocimiento de lo insignificante que somos en el universo pone a esta emoción en su justo lugar.

He encontrado en la razón una herramienta que me ha permitido sobrellevar la existencia y obtener ciertas reflexiones que me hicieron la vida más fácil. En mi obsesión, una de las prácticas más comunes que tengo es intentar racionalizar las emociones, en este espacio he hablado de la nostalgia, el miedo al fracaso o la insatisfacción. Escribir me da claridad sobre lo que realmente pienso y por ello quiero plantear algunas ideas sobre la envidia.

Para iniciar es importante mencionar que he tenido grandes problemas con esta emoción, no tanto por lo que me haya afectado sino porque por mucho tiempo no pude entenderla. Una de las grandes cosas que me ha dejado el ejercicio de mi curiosidad es la comprensión de nuestra existencia en una escala universal. Entender que en última instancia somos tan insignificantes a universal me ayudó a relativizar el valor de una vida individual

Sin embargo, los humanos no evolucionamos para entender el universo con sus agujeros negros, estrellas masivas o materia oscura. La mente simplemente necesita sobrevivir a un entorno donde nuestras realidades tangibles como lo es saciar las necesidades de hambre, sueño o sexo son los motores primarios de nuestra razonamiento. La curiosidad de la especie nos dio la posibilidad en un trabajo acumulado por generaciones de encontrar nuestro punto en el espacio y el tiempo, siendo esta una de las mayores bofetadas a nuestro ego.

Lo insignificante que somos en el universo

Lo anterior es asumir que somos una especie más de las millones que han existido, a su vez que somos un planeta normal dentro de una galaxia nada especial en medio de un universo que escapa de nuestra comprensión. Entender que nuestras vidas individuales desde un punto de vista universal no valen nada es un proceso que lógicamente nos lleva a un profundo existencialismo.

Esta reflexión fue la que por mucho tiempo me hizo ver ridícula la idea que los humanos podemos envidiar, especialmente porque al final todos aquellos que envidiamos son nada más que pedazos de carne andantes que algún día van a morir y con el pasar del tiempo ser olvidados. No encontraba sentido que una persona pudiera tener envidia de otra sobretodo porque considero que ningún ser humano es digno de ser proyectado por esta emoción.

A pesar que otras personas puedan ser más inteligentes, ricas, altas o bonitas, la realidad es que en el camino largo esto no importa, todos vamos al mismo lugar y esa es nuestra experiencia compartida de vida, todos estamos sólo de paso. Por supuesto esta reflexión es producto de un análisis racional con base a los hallazgos que la ciencia ha dado sobre la realidad en la que estamos.

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Desde antes de la invención ciencia moderna con sus esquemas estructurados, diversas civilizaciones alrededor del mundo habían entendido que no somos nada especial. Asumiendo esto, el budismo y el hinduismo desarrollaron sus escuelas con la intención de liberar al humano de aquellas pasiones o apegos pasajeros que según ellos son la raíz de todo sufrimiento.

Esta reflexión fue la que por mucho tiempo me hizo ver ridícula la idea que los humanos podemos envidiar, especialmente porque al final todos aquellos que envidiamos son nada más que pedazos de carne andantes que algún día van a morir y con el pasar del tiempo ser olvidados

La sociedad occidental a través del humanismo nos ha traído varios beneficios, uno de ellos es la celebración de la individualidad que es un concepto base en el respeto de los derechos humanos. Esto tiene su lado negativo pues cuando se junta con los conceptos de capitalismo y progreso la noción de éxito surge. Ahora la vida individual es un proyecto cuyo fin es el triunfo personal y las vidas se miden entre otros a partir de la riqueza material generada. En medio de este frenesí la tendencia a compararnos y competir va en un claro aumento.

Tampoco voy a caer en la insolencia de decir que occidente o el capitalismo inventaron la envidia o la competencia, hablamos de emociones que hasta aquel monje budista encerrado en el tibet por años puede llegar a sentir. En casi todas las sociedades existen héroes o personas que se demuestran como referentes y que todo el mundo quiere seguir, alcanzando así un estatus que los hace proclives a ser objeto de envidia de otros individuos.

La biología evolutiva ha cumplido un trabajo importante al tratar de entender el cómo y porque este tipo de emociones se han desarrollado. Algunos apuntan la envidia como un fuerte motivador para que otros individuos busquen precisamente mejorar. El compararnos y observar las ventajas que otros tienen al tener un lugar alto en cualquier tipo de jerarquía es un aspecto que lleva al deseo de mejora de algunas personas.

Por supuesto este tipo de estudios son criticados por sus sesgos en estudiar prácticamente toda la dimensión humana en términos de evolución, competencia o aparaeamiento. Aunque si vamos caso a caso las raíces de la envidia difieren, desde una óptica más general esta rama del conocimiento ayuda a entender un elemento que hace parte de la naturaleza humana.

En algún momento todos quisimos ser otra persona o tener las cosas que otros disfrutan, no me extraña que es una fenómeno que incluso ocurre en aquellos que también han logrado “triunfos en la vida”; simplemente el éxito no nos despoja de ser humanos. Yuval Noah Harari dijo una frase que define el rol de la historia, “la historia no sirve para predecir el futuro pero si para liberarnos del pasado”

Aplicando dicha reflexión al estudio de las emociones humanas desde una postura histórica y biológica, no busco indicar que todos somos unos peligrosos envidiosos en potencia. Lo que nos aporta este conocimiento es ayudar a entender que la envidia es una emoción que ha sido útil para el éxito reproductivo de nuestros antepasados, más no necesariamente es algo útil o positivo para la supervivencia en el mundo actual.

Entender la envidia como un motor para el mejoramiento propio es quizás la única manera que veo positiva a esta emoción. A pesar que los humanos no cooperamos o vivimos diariamente siendo conscientes de nuestro pequeñisimo rol en el universo. Nuestro conocimiento actual nos puede llevar a una reflexión que nos permita entender que a pesar que la envidia exista no es algo objetivamente razonable.

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