De fanático cristiano a ateo

Relato del cambio de mentalidad más importante en mi vida. Una historia de cómo por cuestionar lo que creía terminé creando un nuevo sentido en la existencia.

Antes de iniciar el relato de como pasé de ser un profeso cristiano a un ateo no militante es importante mencionar el contexto religioso donde me crié. Soy latinoamericano, una zona del mundo particularmente católica siendo dicha iglesia mi primer contacto con la religión. Mis padres representan aquel arquetipo de personas que creen en una figura divina pero no son practicantes activos; recurren a la fe cuando lo necesitan pero en su lista de prioridades no están asuntos como ir a la iglesia o seguir cuidadosamente los mandamientos.

En países como Colombia, Venezuela, Brasil o Perú, la predominancia católica ha existido desde el momento en que la iglesia pisó el continente. La única creencia válida para las colonias era la fe católica, aspecto que causó la eliminación de diferentes credos alrededor de Sudamérica. Estos hechos explican porque hablamos de países que en la actualidad el porcentaje de población que se declara católico es de alrededor del 60%.

A pesar de la fuerte influencia que históricamente tuvo el vaticano sobre estas naciones, desde Estados Unidos llegaron masivas oleadas de misioneros protestantes. Dentro del protestantismo existen diferentes versiones como lo son los Testigos de Jehová, bautistas, metodistas, adventistas, etc. Por años estas corrientes no fueron bien recibidas por las autoridades católicas dominantes en Sudamérica, por lo que hubo casos de persecución documentados hacia estas comunidades.

Interior de iglesia evángelica

A pesar de las diferencias internas que hay entre los protestantes, varios de estos movimientos fueron etiquetados indiscriminadamente como “evangélicos”. Estas iglesias han tenido en las últimas décadas un fuerte impacto dentro de la sociedad latina, creciendo exponencialmente su número y arrebatando muchos fervientes católicos a sus filas. Inclusive la proyección en Brasil apunta a que los Cristianos Evangélicos serán la fe predominante en pocos menos de una década.

Las principales diferencias entre católicos y evangélicos se dan en asuntos como:

.- Los evangélicos no creen en el papa

– No hay veneración hacia la virgen María

– La celebración de cultos incluyen más elementos como milagros o habla en lenguas

– Hay un fuerte compromiso con la evangelización de más personas

Dicho sea el contexto, ahora veamos detalles de mi experiencia en este tipo de fe. Mi abuela paterna era pastora de una iglesia evangélica, aspecto que hizo que en mis muy primeros años ya participara en cultos y ceremonias. A pesar de sus intentos crecí siendo católico, más por motivos nominales que por algún tipo de elección que me haya llevado a creer en el vaticano. Pasaron los años y mi adolescencia llegó con profundos problemas de convivencia en el seno de mi hogar, los constantes conflictos eran algo que no podía soportar y a los 14 años empecé a buscar un refugio.

Un compañero de colegio me ofreció la oportunidad de conocer la iglesia cristiana (muchos grupos evangélicos prefieren que se les llame meramente “cristianos”, inclusive esta palabra en algunos contextos ya actúa como sinónimo de “protestante” o evangélico”) a la que asistía. En medio de mi adolescencia me acerqué a estos espacios y encontré precisamente aquello que buscaba, un refugio para el alma que me hicieran soportar la existencia y mis problemas emocionales.

De este modo ingresé al mundo del cristianismo protestante a través de una entrega en cuerpo y mente. Empecé a asistir activamente a la iglesia y además adquirí el habito diario de leer la Biblia. Durante este periodo de mi vida es probable que me haya leído la Biblia por completo y eso me hizo profundizar en los estudios del cristianismo. El tema me interesó tanto que empecé a seguir pastores en línea y dediqué cuantiosas horas a la construcción de mi identidad cristiana.

Paul Washer fue mi principal influencia en mis años de cristianismo

Durante aquellos años pasé mis días entre jugar fútbol o asistiendo a iglesias, leyendo la biblia, escuchando música cristiana o aprendiendo algo nuevo de mi fe. Paralelamente empecé a radicalizar mis ideas y con el paso del tiempo el sentido de mi vida se fue construyendo con base a esta creencia.

Hubo varias razones por las cuales me entregué tanto, diría que la principal es que en el cristianismo hallé un sentido de vida y un refugio emocional. Caí seducido con la idea que “Jesús me ama” a pesar de mis defectos y además me ofrecían la esperanza del cielo para calmar a una mente que siempre fue ansiosa con el sentido de la muerte. Además el rol de evangelizador me ponía una misión que era llevar mis padres ante Dios. Por otro lado, disfruté mucho de la experiencia religiosa, en el sentido que adoraba ir a una iglesia a cantar junto a docenas de personas en una plácida sensación colectiva de adoración a un ente superior. Extrañamente los humanos estamos diseñados para disfrutar de ese tipo de experiencias.

Mi compromiso con el cristianismo ya era parte fundamental de mi identidad, básicamente me presentaba a todo el mundo como cristiano, más allá de otros aspectos de mi individualidad. Por otro lado, creo que este hecho de ser una persona interesada por asuntos religiosos fue una buena noticia para mis padres, ya que nunca se vieron preocupados por los típicos problemas que puede tener un adolescente en su descubrimiento del mundo.

A pesar que el cristianismo me ofrecía una fuerte recompensa emocional, una parte de mi ser racional empezó a notar cosas extrañas con respecto a la Biblia. El hecho de estar constantemente leyéndola me dio pie a reconocer algunas ideas que no entendía y otras que incluso yo cuestionaba. Este aspecto es importante debido a que uno de los pilares del cristianismo es que la Biblia posee la verdad del universo y entrar a cuestionarla es problemático. Sin embargo, algunos aspectos desde la racionalidad no me permitían aceptar asuntos como: la salvación, el infierno o el cielo.

Desde el cristianismo y más desde el protestante se hace un énfasis en que un alma solo puede entrar en el reino de los cielo a través de la fe en Jesucristo. Juan 3:16 es uno de los versículos más transversales de la Biblia ya que ahí se establece que la única forma que un ser humano puede llegar al cielo es a través de dar su fe a Jesucristo y el que no lo hiciera tenía como destino el infierno.

El hecho que desde niño a partir de los almanaques pude conocer más o menos lo grande que es el mundo me hizo cuestionar sobre el destino de millones de personas que habían crecido en países que no eran cristianos. Nunca entendí por ejemplo porque Dios dejaría en el infierno a civilizaciones enteras que por simple cuestión geográfica o temporal no supieron nunca quien era Jesucristo. La China el país más poblado del mundo tiene más de 5 000 años como civilización viendo el nacimiento y muerte de millones de humanos que jamás supieron quien era cristo, ¿era justo que ellos se fueran al infierno?.

Con este tipo de preguntas me acerqué a las figuras de autoridad que nunca me dieron una respuesta convincente, solo mencionaron que Dios me respondería en la otra vida a esas preguntas. Cuando te vas metiendo dentro de la lógica del fanatismo cristiano se llega a un punto en el que se divide a todos los seres humanos entre cristianos o no cristianos, con un cielo para los primeros y sufrimiento eterno para los segundos. Seguido a eso desde estas mismas instituciones se inculca fuertemente la idea de la fe, que es básicamente celebrar que una persona quiera creer en algo a pesar que no haya ninguna evidencia que lo respalde.

Este aspecto es importante debido a que uno de los pilares del cristianismo es que la Biblia posee la verdad del universo y entrar a cuestionarla es problemático.

El punto de partida en mi ruptura de pensamiento fue cuando inicié la Universidad, aquella etapa de mi vida es fundamental debido a que vio entrar y salir dos personas diferentes. Recuerdo en mis primeros semestres ser la clase de estudiante fastidioso que no veía en que conversación meter a Jesús. La exposición a nuevas ideas, el conocimiento de otras creencias y estar en un terreno donde se promueve la duda y el pensamiento crítico fue calando fuertemente en mi cuestionamiento hacia la fe. Muchas de las cosas que escuchaba en los espacios de culto cristianos me empezaron a parecer irracionales y desde ese momento decidí hacer algo que no me había atrevido: cuestionar la biblia, cuestionar mis propias creencias.

Recuerdo que lo primero que hice fue ir a la biblioteca de la universidad a buscar libros de otras religiones. Este aspecto fue motivador para mí ya que pude encontrar ideas valiosas en creencias a las cuales consideré mucho tiempo como “engaños del diablo”. Me gustó la visión animalista del hindusimo o el proceso de liberación del budismo, llevándome así a la conclusión que no necesariamente mi fe cristiana era la única y verdadera pues había riqueza en otros sistemas de creencias.

Creer: Una historia de las religiones. El libro mediante el cuál me dí al entendimiento de otras creencias

A pesar que estaba encontrando en la razón respuestas a mis dudas, mi parte emocional se enfrentaba a un proceso que no iba a ser fácil: Abandonar el sentido de mi vida. Recuerdo que cada noche me la pasaba horas leyendo foros y debates entre ateos o creyentes e incluso participaba para defender mi cristianismo. A pesar de mi deseo emocional de continuar creyendo cada vez se me hacía más difícil hacerlo y ciertos puntos de vista del ateismo me llamaron la atención.

Construí a través de los años una identidad relacionada con el cristianismo; iba a la iglesia 3 veces por semana, leía la biblia en promedio una hora al día y me dediqué a orar al menos 20 0 30 minutos diarios. Mi compromiso fue tal que me reprimí sexualmente a través de un voto de castidad en aquellos años e incluso planeaba mi futuro viajando como misionero y desarrollándome como pastor.

Este aspecto es importante debido a que uno de los pilares del cristianismo es que la Biblia posee la verdad del universo y entrar a cuestionarla es problemático.

Pero a pesar de las cosas buenas que me generaba la entrega al cristianismo, habían otros asuntos más allá de lo solo racional que hacía difícil ejercer la fe. Es lindo entrar a una iglesia, la gente te recibe muy bien, todos están con los brazos abiertos y se te perdona todo a pesar quien hayas sido. Por eso entiendo el éxito de los evangélicos con personas que quieren dejar la delincuencia u otras vidas en decadencia. El sentido de comunidad, el amor eterno que te ofrece Dios, la creación de un propósito son cosas que nos ahorran grandes angustias existenciales.

Pero con el paso del tiempo se necesita un proceso de transformación y básicamente el objetivo diario de mi vida era no pecar o sino pecar lo menos posible. Estar constantemente examinando mis conductas donde juzgaba si en cada acción diaria pequé de palabra, obra y omisión era algo angustiante y estresante . Mi miedo al infierno era tan grande que me espantaba la idea de que me encontrara la muerte en pecado y de esa manera ir al infierno. Esta presión se me hizo insoportable y quizás mis cuestionamientos al cristianismo venían motivados por dicho desgaste.

Después de haber entendido otras religiones el siguiente paso fue cuestionar la Biblia. En cuestión de unos días el libro sobre el que había cimentado mi vida completa creyendo que tenía toda la verdad ya era un libro más que podía estar equivocado. Después de sopesar pros y contra tomé la decisión de abandonar el cristianismo. Me acuerdo del día en que le envíe un mensaje de texto a mi líder de iglesia, le dije que simplemente quería tomarme un descanso y desde ese momento no he vuelto a pisar una iglesia cristiana hace casi 11 años.

Me tocaba ahora enfrentar el último reto y era el del miedo del infierno. La amenaza del infierno es algo real para cualquier persona que se involucra fuertemente en esta creencia, por años pasé mis días revisando mis acciones para no encontrarme en pecado y así evitar el castigo eterno. Debo decir que este fue el último escollo, por días me planteé que estaba tomando la decisión incorrecta y lo iba a pagar en la eternidad. Al final decidí derrotar el miedo y el último hilo que me relacionaba con el cristianismo se termino cortando.

Este cambio de mentalidad ha sido una de las transiciones más importantes de mi existencia, proyectaba mi vida como un pastor evangélico o misionero y hoy estos objetivos ya no me interesan en lo absoluto. Cuestionar los fundamentos de mi vida me liberó de de la influencia religiosa y del fanatismo que desarrollé. Mis valores cambiaron en el sentido que antes veneraba la fe y ahora me siento más cómodo con la duda.

Sin embargo, debo confesar que este cambio me generó una profunda crisis existencial, pues tuve que reconstruir el sentido de mi vida luego de haberlo abrazado por años. El camino me llevó hacia al ateísmo a través de la reflexión que ninguna forma de deidad representaba en mí una verdad. A pesar de ello entendí las religiones y su valor social, a pesar que las cuestiono en muchos sentidos no soy alguien antireligioso. La fe es algo que millones necesitan para sobrevivir a pesar que no comparta la mayoría de sus más importantes fundamentos.

No hay ningún tipo de resentimiento con este periodo de mi vida. También debo decir que hay cosas muy buenas que me llevé siendo cristiano, una de ellas es que me volvió una persona más proclive al altruismo y a ayudar a personas en situación de calle. Después de salir me volví lastimosamente en alguien más egoísta, pero ese lado altruista lo puedo recuperar sin necesidad de la fe.

También entendí el poder de atracción que tienen estas comunidades, es lindo sentirse parte de algo como lo es una iglesia donde a todos los une el relato que hacen parte de la única religión verdadera. Esto por supuesto tiene el poder de dotar de un gran sentido a la vida, por lo que las crisis existenciales tan comunes en mi periodo posterior no existieron durante esos años. Vale la pena resaltar que conocí seres humanos excepcionales y por ello entiendo que esos espacios están llenos de personas de muy buen corazón.

A pesar de las cosas buenas que podría haber traído en mí el cristianismo estoy tranquilo de haber tomado la decisión correcta. Creo que no es para mí esto de obedecer sin cuestionar y mucho menos entregar mi tiempo y energía en algo a lo que le encuentro tantos asuntos condenables y criticables como lo es el cristianismo. Pero quizás el logro más significativo de esta experiencia fue haber podido abrir la mente y experimentar el mundo de una manera que siendo el más apasionado de los creyentes me hubiera resultado imposible.

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