Ser el principal crítico de lo que crees

Hace algunos años decidí adoptar un marco mental en cuestionar con más vehemencia mis propias ideas. Esto me ha abierto la posibilidad de conocer variados puntos de vista y me ha liberado de las garras de un fanatismo ideológico. Sin embargo esto tiene sus contraindicaciones que ahora voy a presentar.

Antes de iniciar quiero hacer una aclaración. En este texto cuando se habla de autocrítica es principalmente en materia intelectual, es importante diferenciarlo del auto sabotaje donde ya es un asunto donde nuestras críticas no van hacia nuestras ideas sino hacia nuestro ser.

Uno de los principios que adopté para mi vida es el de ser el principal crítico de lo que pienso y creo. Hubo diferentes razones por las cuales consideré elegir este camino que no necesariamente es placentero. Con el paso de los años y guiado por la curiosidad empecé a tener gusto por temas relacionados con la mente; desde la neurología pasando por la psicología y llegando a terrenos como los estudios cognitivos.

En medio de estos estudios fui conociendo cómo uno de los mayores productos que la naturaleza haya formado tenía varios y graves errores de funcionamiento. El cerebro humano es una de las obras maestras de la evolución, el desarrollo de la neocorteza nos abrió los legendarios reinos de la razón o la imaginación. Este poder lo hemos utilizado para construir instituciones valiosas a través de los tiempos y también nos dio lo que considero a titulo personal una de nuestras mayores hazañas: la ciencia.

Con sus mil defectos la ciencia fue un emprendimiento de la especie que nos dio las mejores llaves posibles (hasta ahora) para intentar conocer la realidad. La ciencia para formarse necesitó de una base que proviene de un cerebro que evolucionó con la capacidad de desarrollar habilidades de: cálculo, intuición, observación, seguimiento, raciocinio, capacidad de detectar patrones, etc. Pero a pesar que la mente viene equipada con estos elementos, su fin no es alcanzar la verdad sino simplemente sobrevivir.

Tres capas cerebrales

Este hecho es muy importante porque explica claramente porqué los humanos somos capaces de creer en cosas tan absurdas e inclusive porqué lo hacemos en manada. La mente humana necesita desarrollar un relato que nos dé algún grado de sentido a nuestra ínfima vida individual. De este modo nos apegamos a relatos grupales que nos dan un fuerte sentido más allá de la mera supervivencia biológica para poder hacer las cosas que nos levantan a diario.

Este aspecto influye fuertemente en nuestros acercamientos a conceptos como la verdad, el sentido, lo bueno y lo malo, etc. Precisamente sobre el primero es donde entendimiento de la mente humana me llevó a un grado de preocupación. Nuestro cerebro es perezoso y la mayoría de veces prefiere razonar a partir de atajos mentales que llamamos heurísticas. Por otro lado tenemos que la mente humana tiene una limitada capacidad de almacenamiento y procesamiento de la información, por lo que la mayoría de las veces requiere el uso de los sesgos.

Con el paso de los años somos menos abiertos a nuevas ideas y nos terminamos casando con lo que creemos. Este aspecto es muy entendible debido a que invertimos nuestro tiempo, energía e incluso esperanzas en construir en un sistema en cual basar nuestros principios y sentimos la obligación de defenderlo. Nuestro compromiso con las ideas no es el de encontrar la mejor posible, sino en defender aquello que nos brinda coherencia y sentido en lo que queremos creer.

La mente humana necesita desarrollar un relato que nos dé algún grado de sentido a nuestra ínfima vida individual

La disyuntiva no es fácil porque estamos entre elegir la honestidad intelectual o defender a ultranza aquello que creemos. Ambas posturas tienen sus pro y contra y la elección depende mucho de los propios objetivos que se tenga con la vida y también su impacto en lo social. Para muchas personas es muy difícil abandonar una idea (a pesar que su propia mente no sea capaz de ignorar las contradicciones) debido al costo que le traería en su grupo social.

Por otro lado el cerebro viene equipados con una serie de artimañas que tienen el poder de hacernos creer en lo que queremos creer. Usualmente somos más críticos con lo que contradice nuestras ideas y le ponemos un filtro mínimo de cuestionamiento a aquello que favorece nuestro relato. Ante el conocimiento de nuestra debilidad mental personalmente opté por el camino de la honestidad intelectual y decidí ser crítico de lo que creo.

Para ser franco ser nuestro principal crítico en materia intelectual no es algo placentero. Los humanos podemos aceptar la incomodidad o el dolor siempre y cuando tengamos un fin que nos haga soportarlo; el mejor ejemplo de ello es el costoso, sufrido y doloroso proceso de maternidad que tiene sentido al ver la sonrisa de un hijo feliz. Sin embargo no hay algún tipo de promesa a la hora de optar por la honestidad intelectual. Se me ocurre que lo mejor del proceso es la sensación de placer del descubrimiento pero entiendo que esto no sea algo que a todo el mundo le fascine.

Seré sincero en que me he hallado varias veces molesto, ya que no se siente bien estar constantemente preguntándose si mi postura sobre determinado tema es la mejor que puedo alcanzar. Otro problema que veo es que la falta de una convicción clara ideológica lleva a la poca determinación de una acción práctica. Los grandes revolucionarios y muchas de las figuras que se veneran no son los que dudan sino aquellos que llevan sus convicciones hasta el límite, todo esto teniendo en cuenta sus deseables y/o indeseables consecuencias.

Soportar tanta duda no es fácil, inclusive en múltiples ocasiones he exclamado que envidio a las personas que tienen totalmente claro sus puntos de vista. Estas personas se ahorran el esfuerzo mental de cuestionar sus creencias y pueden llevar una vida relativamente más fácil al menos en materia intelectual. Pero después recuerdo que este esquema de pensamiento también ha sido el que ha llevado a los seres más despreciables de la historia humana a lograr sus cometidos; no le sobraba a Hitler un poco de cuestionamiento a sus propias creencia sobre el tema de la raza o los judíos.

Asumir esta postura es también entender que uno es libre de tomar posiciones, tengo clara mis ideas en temas como el racismo, autoritarismo, violencia, etc. El hecho es que a pesar de tener mi visión soy consciente que puedo estar equivocado, lo que me da el poder de escuchar. Si considero que hay algo valioso adoptar la idea de ser el crítico número 1 de tus ideas es que te abre al camino de la tolerancia. Ser conscientes de nuestra ignorancia y errores nos libera de algo que para mí es peor que la incertidumbre o la angustia: creer que estamos siempre en el lado correcto.

Nuestro compromiso con las ideas no es el de encontrar la mejor posible, sino en defender aquello que nos brinda coherencia y sentido en lo que queremos creer.

Creo que ser el crítico número de uno de lo que se piensa es algo en términos generales positivo. Esta fue una bandera que asumí pero entiendo que no es más ni menos que un punto de vista como muchos más. No sé si mi postura cambie mucho sobre este tema con el correr de los años, pero lo que si creo estar seguro es que si se busca una honestidad intelectual el ejercicio de autocrítica es una de nuestros mejores herramientas para saborear las mieles del conocimiento sin prejuicios ni rencores.

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