Los futuros pasados

El pasado no existe más allá de la interpretación y de la evidencia que podamos tener sobre él. A pesar de nuestros deseos la historia no está escrita sobre piedra, su naturaleza es cambiante y el pasado que hoy estudiamos seguramente no será el mismo que estudien las generaciones posteriores.

El tiempo es uno de esos conceptos fascinantes, se encuentra en nuestra experiencia cotidiana e inventamos medidas para que nos pueda ser útil. Además es un elemento fundamental en la física para darle sentido al mundo; a pesar del amplio rango que abarca hay una incómoda verdad sobre el tiempo y es que aún no entendemos su naturaleza. Este texto no se adentrará en los misterios del tiempo simplemente porque no tengo las capacidades para hacerlo, a pesar de ello el objetivo es hacer evidente las contradicciones y paradojas que trae consigo dicho concepto.

Recientemente me encontraba con estudios sobre los dinosaurios que desarrollaron plumas. Estos descubrimientos me hicieron pensar sobre las referencias culturales que tenemos de ellos, seguramente la imagen que le llegará a la mayoría de los lectores es de unos seres más parecidos a un reptil que a una ave. Pero según se obtienen nuevas evidencias la imagen que tenemos de estos animales irá cambiando y no se nos haga extraño que en 200 años los dinosaurios sean representados con más plumaje. No fue que los hechos cambiaron, solamente nuestra interpretación y conocimiento si lo hizo.

El pasado es algo que está en constante reconstrucción y seguramente es una de las verdades más difíciles de aceptar para alguien apasionado por la historia. Nuestra necesidad de certeza concerniente al pasado queda lastimada cuando evocamos a Nietzsche: “no hay hechos, solo interpretaciones”. A pesar de lo discutible de esta idea en otras ramas del saber, el conocimiento del pasado si se halla bajo los efectos de esta maldición.

Dinosaurio con plumas

Si algo ha permitido entender ciencias como la arqueología o paleontología es que nuestro conocimiento de la historia es prestado. Hay que asumir con humildad que varias de las certezas y los hechos del hoy serán los mitos del mañana. Un ejemplo donde esto se evidencia es en la historia de la especie humana. Según la evidencia actual el homo sapiens apareció en África, pero estamos ante el descubrimiento de un hueso o un fósil en una cueva de cualquier otro continente para tener que reescribir la historia.

Del mismo modo sucede en otras áreas como lo es la historia del universo. A pesar de la admiración que personalmente me despierta el grado de conocimiento que la especie ha llegado del cosmos, siempre estamos sujetos a que un elemento inesperado venga y nos replantee las ideas. El conocimiento al menos desde el ámbito de lo humano se irá modificando e ideas que hoy tenemos del pasado, desde la perspectiva que la queramos ver (historia humana, del planeta o del universo) seguramente quedarán obsoletas en el futuro.

Hay que asumir con humildad que varias de las certezas y los hechos del hoy serán los mitos del mañana

El pasado no es algo que objetivamente exista, por eso lo estudiamos no desde su naturaleza sino a partir de sus consecuencias. Hay una actividad cotidiana a la que tenemos acceso la cual refleja las paradojas del tiempo y es observar las estrellas. Muchas de ellas están a miles o millones de años luz, por lo que hoy somos testigos de sus antiguas formas. No sabemos cuáles son sus estados actuales, lo mejor que tenemos son modelos que explican su posible presente.

Nebulosa de cabeza de caballo

Si a algunos millones de años luz hay una especie tan curiosa como nosotros, cuyos telescopios estén apuntando al sistema solar no se toparán con el mundo actual. Ese planeta azul que órbita más o menos cada 365 días alrededor de su estrella central no será para ellos el hogar de los humanos, sino el de los dinosaurios.

En el estudio de la historia de nuestra especie también nos tendremos que acomodar al constante cambio de los futuros pasados. Las referencias que hoy tenemos los personajes que vivimos en el siglo XXI serán muy diferentes cuando una niña curiosa del 2659 decida estudiar los tiempos que vivimos. No solo hoy somos testigos de como nuestro relato del pasado se puede manipular, el relato del presente también será manipulable a pesar que contamos con una tecnología que guarda la información de manera más fidedigna que nuestros antepasados.

Un ejemplo donde esto se evidencia es en la historia de la especie humana. Según la evidencia actual el homo sapiens apareció en África, pero estamos ante el descubrimiento de un hueso o un fósil en una cueva de cualquier otro continente para tener que reescribir la historia.

Al final esto no es más que otro llamado a la humildad, a esa misma que solo el conocimiento de nuestra fragilidad nos puede llevar. Humildad en aceptar que a pesar de lo valioso de nuestro conocimiento, hablamos de algo que también está sujeto al error y el cambio. El pasado no es más que un relato de un conjunto de datos aleatorios a los cuales le damos sentido. Mientras vamos construyendo ese relato quedamos a merced de la evidencia de la realidad; ya solo nos queda disfrutar las mieles del conocimiento prestado sobre nuestro pasado hasta el día que sea obsoleto.

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