¿Leer está sobrevalorado?

A la hora de juzgar las capacidades intelectuales de otras personas podemos caer en un sesgo y es medirlo a través de su hábito de lectura. Este mecanismo no es suficiente ya que el sólo hecho de leer mucho no significa nada en asuntos como comprensión lectora o la calidad del conocimiento adquirido. A pesar que es una actividad placentera y que nos puede llevar a saber mucho también es algo que por sí sólo no determina el intelecto de alguien.

Como muchos de ustedes a diario paso un considerable tiempo del día navegando en redes sociales. En medio de las dinámicas de estas plataformas lo usual es encontrarse discusiones o debates de casi cualquier tema imaginable. Por un periodo de mi vida dediqué mi tiempo a meterme en cuanto conflicto digital hubiere y pasé horas tratando de convencer a un señor de 50 años de un pueblo paraguayo que su posición sobre el cambio climático estaba equivocada. A decir verdad hoy miro hacia atrás y considero un tiempo perdido mis aventuras en estos debates; siendo sincero cuento con los dedos de la mano alguna conversación que me haya llevado a una reflexión profunda en mi pensamiento.

Me decidí retirar de las peleas por redes sociales pero todavía me entretengo viendo a otros haciéndolo, de vez en cuando mi versión de 16 años vuelve a mí y termino metiendome en una de ellas, pero por fortuna cada vez pasa menos. En el rol de espectador se me hace más fácil ver las falacias de las otras personas a la hora de debatir; pero esto no es extraño dado que somos más hábiles para detectar errores ajenos que los nuestros.

En medio de las masivas artimañas argumentativas que las persona utilizan en medio de una discusión hay una que inspiro el presente articulo y es la apelación a los hábitos de lectura como argumento. En realidad es algo que fácilmente hemos visto en otros o incluso lo hemos hecho, básicamente consiste en frases como: “Te invito a que leas …” “Leo X cantidad de libros al año”, “se nota que no lees” ,etc. En síntesis es juzgar la opinión contraria bajo la base que el adversario no es un lector (o no tan bueno como uno) y eso significa que su argumento es pobre.

Podríamos concluir que la base de esa lógica consiste en decir que la otra persona no entiende o no acepta nuestros argumentos simplemente porque no lee lo mismo que uno o no es un lector en general. Los humanos tenemos una incapacidad grande para separar al sujeto de la idea, por eso es que las discusiones usualmente abandonan el punto central y se llevan a terrenos personales.

Esta lógica envuelve muchos problemas como por ejemplo asumir que el simple hábito de lectura es una garantía para ser inteligente o que si todas las personas leyeramos pensaríamos igual. Hay graves problemas con este tipo de argumento debido a que las diferencias en nuestros puntos de vista no solo se resumen a nuestro interés por leer o no. Un hecho que podemos tomar como referencia es que dos personas pueden leer el mismo libro y llegar a diferentes conclusiones.

Esto sucede porque en el momento en que abrimos un texto hay muchos factores predeterminados que condicionarán la compresión lectora. Entre estos factores encontramos: nuestros valores, sesgos, el conocimiento adquirido hasta el momento, el contexto de lectura o el interés personal que tenemos al abrirnos a una obra. Por otro lado, nuestros cerebros que son máquinas expertas en ahorrar energía y limitarán nuestra capacidad de retentiva que con el paso del tiempo irá disminuyendo.

Ahí no es necesario entender la idea contraria ni cuestionarnos la propia, sino que ya es más útil apelar a las características personales como asumir que el otro simplemente es un inculto que no lee y con ello es suficiente para “tener razón”

Ser un lector voraz per sé está sobrevalorado a la hora de evaluar las capacidades intelectuales de una persona. Lo primero que hay que mencionar es que la mayoría de libros publicados al año son malos y casi todos pasarán al olvido en una corta fracción de tiempo. La razón es que la mayor parte de lo que produce (como en toda industria) no tienen la calidad suficiente para preservarse en el tiempo, y aquellos que nos gusta leer nos habremos topado con varios de esos libros.

Leer por leer no garantiza que se está obteniendo conocimiento de calidad, a decir verdad cualquier punto de vista bastante estúpido puede estar sustentado en cualquier libro. Además tenemos el problema que el conocimiento constantemente se está actualizando y podemos caer fácilmente en esta trampa; es decir leer una obra que nos cambie la mente pero que está sustentada en conocimiento de hace un siglo por lo que sus ideas no son sostenibles en la actualidad.

Portada del libro “Enseña a tu esposa a convertirse en una viuda”. Este libro escrito en la década de los 50 del siglo XX, es un texto enfocado a “enseñarle” a las mujeres cómo sobrevivir sin un esposo. Acá se apela a la idea que las mujeres son menos capaces intelectualmente que los hombres y que necesitan una guía para asuntos básicos de la vida.

Leer es personalmente una de las cosas que más me gusta en la vida, pero no uso mi gusto por la lectura como un argumento para sostener que mi punto de vista es correcto o incorrecto. Mencionar que leo 5,10,15, 30 o más libros al año no significa absolutamente nada en una discusión, del mismo modo puedo estar tan sesgado y equivocado sobre un tema como cualquier persona que nunca ha tocado un libro en su vida.

Tener un gusto por la lectura no garantiza una actitud intelectualmente honesta o tan siquiera formar un punto de vista lo suficientemente inteligente. Leer por sí sólo no te hace sabio ya que puedes estar consumiendo constantemente información basura que te terminará llevando a ideas algo absurdas. En ese apartado una persona que consume documentales o productos audivisuales con mayor rigurosidad intelectual o científica tendrá una opinión más formada que alguien que simplemente le guste leer.

Otro punto es que leer puede ser utilizado como acto de entretenimiento. Hay personas que devoran revistas de chismes completas y si somos francos estamos hablando de un constante ejercicio de lectura. Leer por mero entretenimiento es una actividad sumamente estimulante pero no muy diferente a ver la televisión, escuchar música o jugar videojuegos; si lo que se busca es un pasatiempo sin intenciones de una formación mental. Vale la pena aclarar que la lectura por simple entretenimiento no es nada malo, solo que es un ejemplo para entender que leer per sé no significa una mayor capacidad intelectual.

Un último aspecto a considerar es tener clara la diferencia entre saber y entender. Usualmente los libros nos hacen aprender y saber de cosas, ya que podemos acumular datos en nuestra mente que nos dan la idea de un fenómeno. Pero cuando se habla de entender es poder explicar el por qué de un fenómeno y a veces el sólo acto de leer no es suficiente para ello. He de reconocer que en amplios temas entro en esta dinámica; por ejemplo puedo decir que sé de física cuántica al reconocer los nombres de algunas partículas, pero mi capacidad de entender este hecho es bastante limitada.

La razón es que la mayor parte de lo que produce (como en toda industria) no tienen la calidad suficiente para preservarse en el tiempo, y aquellos que nos gusta leer nos habremos topado con varios de esos libros.

En conclusión y para hablar de asuntos intelectuales es más importante lo qué se lee que la cantidad de veces que se hace. En sintesis quiero dejar claro que no estoy en contra de la lectura porque es una de las grandes delicias que hay en la existencia, mi crítica apunta hacia una actitud donde nos podemos engañar a nosotros mismos pensando que porque nos gusta leer significa que nuestra opinión sobre x o y cosa es más válida.

Al final la lectura a pesar de lo mágica que es y de los miles de beneficios que trae, no deja de ser una actividad, que puede ser utilizada para cualquier fin que no necesariamente esté relacionado con la apropiación del conocimiento. Leer por sí sólo no te hace más inteligente, la actitud de búsqueda del conocimiento es más importante que los métodos utilizados, recordemos del conocimiento se puede extraer de diversos modos y no es única y exclusivamente a través de la lectura.

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