La ilusión de justicia

¿Existe la justicia divina?, ¿la justicia se busca o se construye?. La justicia es algo construido por humanos y casi siempre para humanos. Frecuentemente olvidamos este hecho y creemos que hay una justicia sobrehumana que está controlando el mundo, el asunto es que esto no deja de ser una ilusión: la ilusión de justicia

A los humanos se nos hace difícil soportar la idea del caos, entendiendo este concepto como una manera en que la realidad funciona sin ningún propósito claro. En los últimos siglos la ciencia ha permitido dar una nueva mirada hacia lo que nos rodea, una especie que se acostumbró a vivir con dioses, premoniciones o voluntades divinas ahora se arroja a un universo en expansión que no le importa nuestras experiencias cotidianas. El universo funciona a partir de las leyes y no tiene ningún plan moral que tenga que ver con nosotros.

Con el paso del tiempo y a través del propio desencanto con la existencia, una de las enseñanzas más importantes que tenemos es que la vida no es justa. El concepto de justicia es amplio en todas sus dimensiones, ya que abarca asuntos religiosos, éticos o incluso políticos. Pero en términos generales consideramos la justicia como un órgano que se encarga de dar a cada persona lo que según ciertos acuerdos se merece.

La justicia es un ente que no existe en el mundo material, la naturaleza no tiene intención alguna de premiar o castigar, ella sólo se mueve bajo sus propios designios. Ese nivel de incertidumbre es para muchos insoportable, usualmente actuamos con la esperanza que la vida nos recompense o deseamos castigos para aquellos que nos hicieron daño. Si bien hay incontables veces que esto sucede, también se nos olvida por conveniencia cuando este aspecto no se aplica en la realidad.

La creencia que la realidad se mueve bajo nuestros preceptos morales o que sigue alguna pauta de recompensa o castigo es a lo que llamo la ilusión de justicia. El problema es que los humanos necesitamos la idea de justicia, simplemente porque nos es útil a la hora de sobrevivir. Ahora bien, esto se puede prestar también para algún grado de manipulación como por ejemplo lo han hecho escuelas religiosas a través de la historia.

Tomemos el cristianismo como ejemplo; uno de sus pilares más importantes es la promesa de heredar el reino de los cielos. Para entrar a ese lugar Jesús de Nazareth fue claro que ciertas virtudes son necesarias como por ejemplo la pobreza:

Esta promesa fue y es la base de la esperanza de millones de personas que cayeron en el lado desafortunado de la vida. La ilusión de justicia les permitió soportar vidas llenas de privaciones apuntando hacia un futuro celestial donde todo ese sufrimiento sería recompensando. Este aspecto fue clave para que Marx acuñara su reconocida frase “la religión es el opio del pueblo”; recordemos que este pensador alemán abogaba que la existencia solo se puede ver desde la realidad material y dicha realidad opera bajo dinámicas injustas a las que hay que combatir.

Otro modo en que opera la ilusión de justicia es cuando medimos la vida de las otras personas. Pongo un ejemplo y describiré a un ser humano que es físicamente atractivo, alto, con dinero, inteligente, famoso, etc. Una de las primeras cosas que alguien puede pensar de esta persona es que este sujeto no es alguien ético o incluso dudar si es felíz. De un modo u otro creemos que a todas las personas se nos repartió de manera equitativa cosas buenas o malas y por ende siempre hay un aspecto que nivela estas injustas cargas. Dicha ilusión de justicia se resume en la frase “no tengo dinero pero en cambio tengo buen corazón”, “esa persona al parecer lo tiene todo, pero le falta …”

El problema es que los humanos necesitamos la idea de justicia para poder sobrevivir

En ocasiones los humanos no podemos tolerar mentalmente que hay personas que reúnen mayoritariamente características que consideramos positivas y en cambio a otras la vida no les jugó a su favor. En el mundo podemos encontrar personas ricas, bonitas, inteligentes, amorosas, con buenas relaciones interpersonales y bondadosas. Del mismo modo podemos encontrar gente pobre, fea, llena de odio, solitarias y con asquerosas actitudes éticas. El mundo no se encargó de repartir de un modo justo las virtudes o defectos.

En si la justicia es una invención humana, es un mecanismo que nos ideamos para sostener sociedades, resolver conflictos o darnos esperanza. Esto significa que nuestro reto como especie es construir la justicia más que esperarla. Recordemos que lo natural no quiere decir que sea bueno, a pesar que podamos ver cosas totalmente injustas en la naturaleza eso no significa que tengamos que resignarnos a ella. En múltiples ocasiones los humanos hemos intentado estar en contra de ese caos que la realidad propone.

No existe en la realidad algo que haga pensar que el mundo se mueve a través de un sentido de justicia, cosas horribles suceden a seres humanos llenos de todas las virtudes, mientras que hay otros muy cuestionables que resultan teniendo una vida de en sueño. También pasa al contrario hay humanos con todos lo méritos que tienen una feliz vida, pero para ello tuvo que intervenir bien sea su accionar individual o social, no pasó porque sí.

Uno de los conceptos importantes para tener en mente es el de la distribución de Pareto. Dicha idea se resume que el 20% de las causas aportantes a un fenómeno son los que provocan el 80% de lo producido. Esto se puede evidenciar en aspectos tan sencillos como el mundo laboral, donde la mayor parte de la producción es generada por la menor parte de los trabajadores; usualmente menos hacen más.

Aunque la distribución de Pareto no es una ley que se aplica a todos los aspectos de la vida, sí podemos pensarla como un agente que se presenta comúnmente en la sociedad. En la cotidianidad somos testigos de una tendencia a la concentración, bien sea por esfuerzos o resultados que casi siempre recae en unos pocos.

Esta es una de las causas de la desigualdad: la inteligencia no se distribuyó equitativamente en todos los humanos, ni la belleza, riqueza, talento o tragedia. La tendencia a la concentración es un recuerdo que un mundo totalmente justo no es algo que esté al alcance de nuestros manos, pero podemos trabajar como especie para mejorar las condiciones de aquellos que no fueron tocados por la “justicia divina”.

Aunque la idea de una realidad justa puede servirnos en algunos momentos, es algo que considero que es mejor prescindir. Considero que la ilusión de justicia puede llegar a ser dañina ya que nos quita nuestras responsabilidades individuales o colectivas que la injusticia en muchos casos presenta. Es mejor trabajar para construirla a que simplemente esperemos que la vida misma lo haga.

La existencia y todas sus acciones no se rigen bajo nuestras expectativas ni valores que como humanos hemos desarrollado para enfrentarnos al mundo y vivir en sociedad. El mundo sigue su marcha guiado por la entropía o el caos que también nos recuerda que casi siempre la realidad tiene mil caminos para estar mal y muy pocos para estar totalmente bien. La ilusión de justicia nos hace olvidar que su existencia se basa únicamente en que los humanos la podamos construir.

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