El lado oscuro del hombre

Un resumen del polémico libro de Michael Ghiglieri; en el cual el autor busca explicar por qué los hombres participan mayormente que las mujeres en actos como violación, asesinato y genocidio. La raíz de esto se propone desde la biología dejando a su paso una incomoda pero enriquecedora obra para leer

En recientes días vivimos la jornada del 8 de marzo, las diversas luchas que encaran las mujeres en nuestros tiempos le está dando una trascendencia mayor a este día. A propósito de los viejos problemas que las mujeres enfrentan como la violación o feminicidios, recordé un libro que no está incluido en el canon feminista pero que considero (acepto que puedo estar equivocado) que es un buen elemento desde la biología evolutiva.

Michael Ghiglieri escribió “El lado oscuro del hombre: los orígenes de la violencia masculina”. La obra proviene de una duda del autor; él notó que es casi una constante universal que los hombres en todas las culturas son más agresivos que las mujeres. En búsqueda de entender el porqué de estos comportamientos el autor se centró en tres: violación, asesinato y genocidio.

Una de las razones por las que creo que este libro no tiene tanta acogida es porque se hace desde una base netamente biológica, lo cultural para él queda en un segundo plano. Dentro de los diversos feminismos hay algunos que plantean que el machismo tiene una base exclusivamente cultural, precisamente esta obra va en contra de esa idea. La base de su argumentación proviene de la idea que el hombre y la mujer tienen algunos diferentes procesos mentales productos de la evolución independientemente de ser la misma especie.

Michael Ghiglieri

Antes de comenzar es importante aclarar que el trabajo de Gighlieri debe ser entendido como la descripción de las causas de un problema según algunos postulados de la biología evolutiva. El autor rechaza la falacia naturalista o dicho de otro modo el pensamiento que dice que lo natural es esencialmente bueno. La naturaleza no es buena ni mala y encontrar razones biológicas a nuestros peores comportamientos no debe ser tomado nunca como una justificación.

Diferencias entre machos y hembras

Gighlieri reconoce que no solamente en el homo sapiens se encuentran ciertas diferencia de conductas entre machos y hembras. En los mamíferos podemos observar que la mayoría de combates se dan entre los machos y en buena medida son por territorio o acceso a las mismas hembras. Que estas situaciones sucedan en los humanos no se debería tanto a la cultura, sino más bien es por asuntos genéticos como la diferencia en la producción de testosterona entre muchas otras variables.

La propuesta principal es entender el comportamiento masculino desde los conceptos de reproducción y supervivencia. El autor entiende que ambas cosas están presentes en hombres y mujeres pero la diferencia radica en que se toman diferentes caminos para el mismo fin. La inversión reproductiva es diferente para ambos sexos, las mujeres pueden tener un hijo cada 9 meses y los hombres pueden engendrar casi un ilimitado número de descendientes.

La inversión reproductiva de las mujeres es mayor no solo en términos de cantidad de posibles descendientes sino también en que el complejo proceso del embarazo ocurre dentro de su cuerpo. Ante este hecho se apunta a conductas diferentes como por ejemplo que el macho sea el que busque cortejar a la hembra y tenga una tendencia mayor a tener relaciones a corto plazo. Por su parte la hembra busca encontrar al mejor macho disponible y tiene una preferencia por relaciones a largo plazo. Esto debemos tenerlo más como una constante que como una ley porque los humanos variamos nuestro comportamiento sexual según las condiciones. Pero un ejemplo de la influencia biológica es observar cómo se comporta una especie como el caballito de mar, acá el macho es el que termina embarazado y es cortejado por las hembras de su especie.

Violación

Un polémico punto del libro de Gighlieri es que da a entender que la violación apareció en la especie humana como una estrategia de reproducción, principalmente como mecanismo de última instancia. Él argumenta que mujeres de todas las edades han sido violadas, pero hay una concentración de los casos dirigido a mujeres jóvenes y fértiles. El autor plantea que este proceder fue el que le permitió a hombres que naturalmente no eran seleccionados por las mujeres poder reproducirse. Un ejemplo de esto se da en el marco de las guerras tribales, cuando una de ellas derrotaba a la otra usualmente ocurría que los hombres tomaban y violaban a las mujeres del lado vencido; incluso el dios de la Bilbia lo alentaba:

«Y si vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer, la meterás en tu casa; y ella rapará su cabeza, y cortará sus uñas, y se quitará el vestido de su cautiverio, y se quedará en tu casa; y llorará a su padre y a su madre un mes entero; y después podrás llegarte a ella, y tú serás su marido, y ella será tu mujer. Y si no te agradare, la dejarás en libertad; no la venderás por dinero, ni la tratarás como esclava, por cuanto la humillaste» Deuteronomio 21:11-14

En esta afirmación hay un punto que puede resultar incómodo para todo aquel que lo lea. Entendiendo que la violación fue un mecanismo de reproducción de algunos individuos del pasado (y lastimosamente del presente), todo aquella persona que está leyendo estas lineas en algún punto de su árbol genealógico se topará con un violador. Esto tampoco puede tomarse como un determinismo y pensar que todos los hombres son potenciales violadores, la educación y la justicia juegan un rol importante para evitarlo y disminuirlo a muy bajos niveles. El problema es que la educación y la justicia no serán suficientes para erradicar 100% la violación en el mundo, ya que hablamos de un problema que muchos llevan cargado en su ADN.

Otra teoría que se propone es que la aparición e institucionalización de la monogamia obedeció a un camino elegido por las mujeres para evitar estas masivas violaciones. De ello se desprende que los hombres que tuvieran más estatus (que podría ser a partir de la fuerza o poder) concentrarán mayor cantidad de mujeres a su favor. Pese a ello los hombres que precisamente carecían de estas herramientas que pudieran atraer parejas sexuales se tuvieron que conformar en muchos casos con un celibato impuesto o caer en la violación. Vale la pena mencionar que la violación también ha sido evidenciada en especies como focas, nutrias, perros o delfines.

Asesinato

Dentro de ese marco salvaje de reproducción y supervivencia se da el tema del asesinato. La mayoría de homicidios se cometen por hombres y contra hombres, el autor plantea que eliminar la competencia sexual a través de la muerte fue otro mecanismo de reproducción. El autor expone que durante muchos años los machos que podían reproducirse no eran necesariamente las mejores opciones, sino que simplemente eran los únicos que quedaban vivos después de feroces batallas. Estamos hablando de individuos que a través de la violencia lograron sobrevivir y pudieron enviar esta información genética a futuras generaciones.

Es importante mencionar que estamos hablando de comportamientos que vienen antes de la formación de civilizaciones. Con el paso de los milenios los humanos hemos encontrado diversos modos de convivir en sociedad que no tienen relación con la ley de la selva. Las instituciones se han formado para resolver conflictos y evitar precisamente que sea el más fuerte o el que más poder tenga quien se imponga sin importar las consecuencias. Pero el dato complejo es que el Homo Sapiens pasó más del 90% de su historia evolucionando para adaptarse a contextos que para muchos de nosotros hoy no existen.

.La violencia producida entre los machos debido a la búsqueda de hembras se puede entender a raíz de otro suceso documentado: La guerra de los cuatro años. En este episodio que fue documentado por la famosa Jane Goodall nos relata de una guerra entre dos grupos de chimpancés. Durante esos cuatros años se vieron actos de asesinato premeditado, tortura o tácticas de guerra que hasta ese entonces parecían cosas de humanos. En los posteriores años se determinó que entre las causas estaba la escasez de hembras fértiles y una guerra de estatus entre los machos más antiguos. Desde la perspectiva humana la violencia entre hombres la entiende Gighileri como un mecanismo de reproducción por el acto de eliminar a competidores.

La naturaleza no es buena ni mala y encontrar y encontrar razones biológicas a nuestros peores comportamientos no debe ser tomado nunca como justificación

A pesar que la violencia es un fenómeno natural, diversas sociedades han sido capaces de frenarla a tal punto que hay lugares donde ya han pasado décadas sin homicidios (esto no significa que nunca vuelva a ocurrir). Si bien la competencia masculina por recursos es una constante natural, programas que ayuden a reducir la pobreza, dar educación y oportunidades son modos en los cuales podemos encontrar caminos a sociedades más pacíficas. Algo que nos puede dar un parte de tranquilidad es que en sociedades contemporáneas aquellas personas que pudieron reproducirse lo hicieron a través de la adaptación a estos nuevos tiempos. Para vivir en una ciudad del siglo XXI las posibilidades de reproducción sexual ya no se centran en ser el más fuerte o el que más miedo imponga, aunque en ciertos contextos lastimosamente esto sí continua.

Genocidio

El último punto sobre el lado oscuro del hombre es el genocidio y según el autor esté no está ligado a asuntos netamente reproductivos. El deseo de destruir la otredad se da a partir de reconocer cuál es nuestro propio grupo y determinar quienes son los enemigos. Sobre este asunto ya escribí una vez y detrás de ello se halla el tribalismo. Al parecer los humanos tenemos un instinto de crear bandos a partir de las lineas más arbitrarias posibles. Pertenecer a un grupo es un asunto muy relacionado a la supervivencia, la especie humana no hubiera soportado las inclemencias del mundo natural con comportamientos más individuales como los de algunos felinos.

Alguna vez leí una frase que me impactó mucho y dice “Puedes unir al hombre sin la necesidad de un dios, pero es imposible sin la existencia de un diablo”. Para nuestra mente es más fácil unirnos en causas donde hallemos un enemigo cuyo poder bien sea real o imaginario represente una amenaza para nosotros. De esto se forma el sesgo endogrupal, esta idea de que los míos (puede ser por raza, nacionalidad, acento, generación, equipo deportivo,genes, creencia religiosa, etc) son mejores que los otros da entrada a que seamos capaces de aniquilar comunidades enteras.

Dado que el hombre tiene una tendencia mayor a los actos violentos encuentra en la exterminación del enemigo la posibilidad de que los “suyos” sean los que sobrevivan y se reproduzcan. Para relatar ello el autor cuenta historias de diferentes partes del mundo donde los hombres han sido movidos por estos deseos para perpetrar los actos más crueles. Tal cómo pasa con los violadores, lo más seguro es que en nuestro árbol genealógico se encuentren uno o varios hombres que participaron con el mayor de los ánimos en actos de eliminación de comunidades enteras.

Imagen del genocidio de Ruanda en 1994

Conclusión

El texto es bastante incómodo en la medida que uno va pasando página por página. A pesar que en este escrito me centré en las ideas principales del libro a las cuales les complementé cierta información; la mayor parte del texto se concentra en hablar de sucesos históricos donde estos actos fueron evidenciados. La obra también tiene un claro componente científico y asume que la naturaleza es amoral desde una perspectiva humana, ya que estas conductas no solo pertenecen al hombre sino también al reino animal, pero lo que funciona en el mundo natural no necesariamente es la mejor solución ética para nuestra especie.

A pesar del pesimismo que puede implicar este texto lo cierto es que también puede haber espacio para un grado de optimismo. Primero porque patrones culturales que reforzaban estas actitudes están siendo fuertemente cuestionados y eso ayuda tanto en el corto, mediano y largo plazo. A pesar que el autor se centra en lo biológico, lo cultural también influye principalmente porque desde la cultura se pueden promover o controlar este tipo de actos. Es más probable que entremos voluntariamente a un genocidio si hay una propaganda constante en contra de determinados grupos, más aún si la pertenencia a los “nuestros” tiene que ver con nuestra actitud de odio hacia los “otros”.

Hay todavia mucho camino pero mientras vayan mejorando las condiciones de vida en general y podamos ir aplacando ese monstruo que va en los hombres podemos pensar en un mundo mejor. Usualmente cuando me frustro con las cosas malas del mundo, me consuelo en pensar que apenas tenemos 6000 años de civilización humana y en tan relativamente poco tiempo en la escala biológica o geológica ya hemos sido capaces de cuestionar y mitigar actitudes provenientes de nuestra naturaleza.

Como en toda obra considero que la crítica juega un adecuado rol. Mis reservas a esta obra es en el pequeño papel que le da a la cultura sobre nuestros actos más condenables. Si bien no soy defensor de la idea de una tabla rasa, si es claro que hay un elemento de interacción entre nuestra naturaleza (con sus cosas buenas y malas) con el entorno en que nos desenvolvemos. Sin más que decir compartiré las preguntas que me surgieron mientras leía el libro:

  1. ¿Cómo explicar el comportamiento violento en los hombres homosexuales? entendemos que la homosexualidad existe desde hace mucho tiempo y no necesita de una estrategia reproductiva
  2. ¿Cuáles de estos rasgos vienen en personas intersexuales?
  3. ¿Cómo explicar que las principales perpetradores de filicidios son las mujeres?
  4. Qué elementos en el contexto pueden ser modificados para desincentivar los crímenes cometidos por los hombre
  5. A pesar de las diferencias naturales, en la gran mayoría de cosas somos la misma especie tanto hombres como mujeres. ¿Cómo se explican cuando las mujeres cometen violaciones o asesinatos?
  6. ¿Por qué en los hombres es más común cometer estos crímenes en modo masivo?

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