No me gusta como escribo

Este texto es producto de una personalidad sumamente autocrítica sumado a grandes ambiciones que tengo con el mundo de la escritura. Sé que todavía hay mucho camino por recorrer e inclusive sé que estoy omitiendo defectos que aún no he descubierto. Por ahora los invito a leer este acto autoflagelación y les recomiendo ir detectando los errores que yo mismo voy denunciando

Después de dos años de escribir este blog, me he llevado la grata sorpresa que me ha ido mejor de lo que pensé. Al menos en materia de impacto, variedad, persistencia y seguidores tengo mucho por lo que agradecer. Esto me dice que al menos hubo una recepción positiva de lo que he escrito, pero esta vez vengo a criticar ferozmente precisamente el estilo con el que lo hago; realmente a veces odio como escribo.

Mi relación con la escritura empezó cuando era niño, alguna vez hice algunos breves cuento en mis tiernos años de infancia, siendo quizás mi más lejano recuerdo en esta actividad. El gusto se desarrolló durante mis años de adolescencia y comencé mi primer blog a los 13 años, ahí escribí sobre fútbol. Recuerdo que tuve muchas críticas por mi modo de escribir, sobretodo en la cuestión de orden y puntuación, razón por supuesto no les faltaba.

Hoy me pongo a leer lo que hice en el 2008 y me lleno de vergüenza, es cierto que no puedo ser tan exigente con un adolescente que vivía sufriendo por su virginidad, pero es que honestamente lo hacía horrible. A pesar que hoy no estoy satisfecho con lo que hago, al menos sé que he mejorado. Unos años después estudié una carrera en la universidad donde tenía que desarrollar sí o sí mi capacidad de escritura. Mis 5 años en la facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia hizo que me familiarizará más con este acto de liberar palabras de mi mente.

Universidad de Antioquia: lugar donde comencé a desarrollar mis habilidades

Durante esos años universitarios tuve diversos comentarios sobre el modo en que escribía, algunos profesores vieron talento en mí y recuerdo a una de ellas mencionar que me veía futuro como escritor. Por el contrario, la única materia que perdí en la universidad fue precisamente por falta de claridad en mi modo de escribir. Antes de pensar que simplemente estoy más sesgado a recordar los comentarios negativos (como todos los demás), realmente creo que tengo razones de peso para decir que muchas veces me desagrada el modo en que escribo.

Lo primero que no me gusta de mi modo de escribir es que carezco de capacidad de síntesis. Abuso de las oraciones largas y doy 10 explicaciones para una misma idea. Vale la pena mencionar que una de las razones por las cuales inicié el blog era poder escribir textos largos, al menos en temas complejos creo que es necesario dar una mirada amplia. Pero es cierto que exagero con ello y he realizado textos que soy consciente que eran suficientes con la mitad.

Hoy me pongo a leer lo que hice en el 2008 y me lleno de vergüenza, es cierto que no puedo ser tan exigente con un adolescente que vivía sufriendo por su virginidad, pero es que honestamente lo hacía horrible. A pesar que hoy no estoy satisfecho con lo que hago, al menos sé que he mejorado.

Algo en lo cual soy consciente que hago mal es en el abuso del sufijo «mente» (frecuentemente, claramente, ciertamente, etc). Dicho sufijo es un mecanismo utilizado para formar adverbios que provienen de los adjetivos y de un modo u otro terminé utilizándolo como muletilla. Hablando de muletillas, confieso que es un problema que tengo para comunicarme en general bien sea hablando o escribiendo.

Hay un grave problema con estas muletillas y es el hecho que salto de una en otra, es como si yo fuera un adicto que usa otra droga para así liberarse del síndrome de abstinencia de la anterior. Las muletillas varían con la época, pero usualmente se da en los conectores, por ejemplo en mis últimos textos he sobreutilizado «por otro lado» y «de un modo u otro».

Debido a que usualmente hablo sobre temas serios, también acepto que a veces falta vida en lo que escribo. Siento que leerme a mí es como leer a un robot programado para hablar de un tema sin ponerle una chispa de emoción. El problema es que a diferencia del robot yo si tengo problemas de coherencia y cohesión. Conclusión, tengo lo peor de los dos mundos, no llego a mover emociones y tampoco lo hago con una técnica depurada.

Después de terminar una carrera donde tuve que escribir todo el tiempo, haber pasado por blogs e incluso pasar por cursos de escritura, con mucha vergüenza confieso que no he podido con las «comas». Mi problema radica es que a veces no sé si ponerlas o no, pero usualmente me decantó en colocarlas, haciendo de esta manera el proceso de lectura más lento. El problema es que con las «comas» hago uso del dicho «es mejor que sobre a que falte». Creo que la raíz de esto se da que en mis primeros textos hacía todo lo contrario, dejando fácilmente 7 líneas sin ninguna «coma».

Debo reconocer que el problema es de fondo, porque resulta que hablando soy peor. Enredarme para expresar una idea es una característica muy personal, por lo que no me veo mucho futuro en la oratoria y por eso prefiero la escritura. Pese a que también me enredo cuando estoy al frente de las teclas, al menos tengo el tiempo disponible para poder corregir, aunque muchas veces no sea suficiente.

El problema es que a diferencia del robot yo si tengo problemas de coherencia y cohesión. Conclusión, tengo lo peor de los dos mundos, no llego a mover emociones y tampoco lo hago con una técnica depurada.

Otro asunto en el que tengo problemas es para encontrar las palabras exactas, mi memoria de sinónimos al parecer es malísima. Fácilmente termino repitiendo la misma palabras 3 o 4 veces en un mismo párrafo y sufro por montones cuando no encuentro otra para reemplazarla, el drama es más grande cuando debo usar los sustantivos comunes.

Si nos ponemos a hablar de escritores con talentos innatos, evidentemente no lo soy. No soy como Mary Shelley que a los 21 años hizo «Frankestein» o Camus que antes de los 30 ya tenía una considerable obra en materia de calidad. Lo mio será de disciplina en el largo plazo, pero al menos hay dos ventajas: 1- Es una actividad que disfruto, en mis años de vida he dejado otras actividades pero nunca la escritura, 2- Soy mejor que cuando tenía 14 años (?).

La precoz y genia Mary Shelley

Finalmente creo que el arte de escribir contribuye a tener mayor claridad. Hacer este texto me sirvió para identificar esos problemas puntuales y no con la sensación general «no me gusta lo que hago». La idea es seguir mejorando con el paso de los años, de un modo u otro creo que en la escritura tengo las probabilidades de generar algo de valor. Agradezco a mis lectores y perdón por las veces que los he torturado.

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