Reflexiones para próximas pandemias

El covid 19 vino para preocuparnos y cambiarnos nuestra vida, pero también para hacernos pensar. Este texto es la primera parte de dos escritos, esta vez abordaremos sobre todo las acciones que hemos realizado en pro de frenar la propagación del covid con sus respectivas consecuencias. Aclaro que la información acá escrita está pensada sobretodo en el contexto colombiano (puede aplicar en latinoamérica)

El fenómeno del Covid 19 con sus consecuencias es uno de esos eventos que marcan a una generación. Es tanta la dificultad del problema, que a esta situación no se le pueden encontrar respuestas fáciles o moralmente correctas. Por supuesto esta discusión recién empieza, esperemos que las vacunas logren sus anhelados efectos y podamos reflexionar sin el factor miedo acerca de nuestra reacción al virus.

Vale la pena aclarar que las acciones que hoy hemos visto fueron tomadas para enfrentar otras pandemias en el pasado. Aspectos como cuarentenas, aislamientos forzados, estigmatización, autoritarismo, discriminación, perdida de libertades, sanciones, aumento de pobreza, etc; hacen parte de un clásico repertorio de nuestras reacciones ante estas situaciones.

Recorte de prensa de 1918 promoviendo la campaña de uso de mascarillas

A pesar que la gripe española había estado algo borrada de la memoria colectiva hasta la llegada del covid, ver material de prensa de aquel periodo entre 1918 y 1920 nos recuerdan actuales discusiones. Asuntos como la perdida de libertades, autoritarismo, uso de tapabocas, apertura de escuelas; también fueron discutidos con vehemencia durante aquel tiempo. Aunque se tomaron medidas muy estrictas, es cierto que la gripe española finalizó siendo una de las pandemias más mortíferas en la historia.

Ahora bien, la ciencia nos asegura algo y es que aparecerán más pandemias, por ello es importante tener una discusión sobre el tipo de medidas que hemos tomado. Como se mencionó con anterioridad no existe una respuesta ideal para enfrentar este tipo virus respiratorios. A pesar que el porcentaje de letalidad del covid no es muy alto, si es cierto que es suficiente para:

  • Convertirse en una carga díficil de llevar para el sistema sanitario
  • Aumentar el exceso de mortalidad (notablemente en algunos países)
  • convertirse en una las principales causas de muerte

La inmunidad de rebaño es el mecanismo que finalmente frena los brotes del virus. Pero detrás de ello se halla una difícil decisión. Hay diversas vías para alcanzar dicha inmunidad: por medios naturales (las personas infectándose normalmente), vacunación o una mezcla de ambas. Alcanzarla únicamente por vía natural genera una absurda cantidad de muertes que es moralmente reprochable para los estándares actuales.

Es cierto que se tienen que tomar algunas medidas mientras se llega a la inmunidad (natural o vacunación), pero el carácter de esas medidas también tiene que ser evaluado. Cuarentenas y restricciones autoritarias ya sabemos a qué conducen: crísis económica, aumento del desempleo y la pobreza extrema, epidemias de salud mental como depresión y ansiedad, aumento de suicidios, más violencia doméstica, etc. Este tipo de cosas también son moralmente cuestionables.

Gráfico mostrando el fuerte impacto económico del gran confinamiento

Ante esto ninguna de las propuestas posee una superioridad moral ni una solución integra, porque en todas se hace un sacrificio en términos de vida. Por un lado es cierto que no debemos pensar que las muertes por covid son más importantes que las muertes por suicidio, hambre, cáncer (cifras que empeoraron al retrasar los servicios médicos para pacientes), enfermedades cardíacas y todo lo que conlleva el confinamiento. Por el otro, no debemos olvidar que el poder del Covid es tal que se convirtió en una de las primeras causas de muerte en el mundo en solo un año y a pesar de todas las restricciones.

He de aceptar que este debate me ha generado una disonancia cognitiva. Un ejemplo es que durante el años 2016 (contexto colombiano) ocurrió un plebiscito que determinaba aceptar o no unos acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla de las Farc. En aquel momento me posicioné como un férreo defensor del SI, asumiendo que la justicia iba a ser sacrificada pero nos evitaríamos más muertes.

Ahora bien, la ciencia nos asegura algo y es que aparecerán más pandemias, por ello es importante tener una discusión sobre el tipo de medidas que hemos tomado. Como se mencionó con anterioridad no existe una respuesta ideal para enfrentar este tipo virus respiratorios

4 años después es cierto que grandes genocidios y violadores de derechos humanos no pasaron un solo día de cárcel por sus macabros hechos. Pero también las vidas que se lograron salvar producto de no continuar la guerra hicieron que valiera la pena dicho sacrificio. En esta situación del COVID he llevado la contraria a muchas de las medidas tomadas, pero alguien me puede argumentar que la cantidad de vidas salvadas ha valido la pena, y tiene razón.

A esta altura es claro que las medidas coercitivas le cortan velocidad de propagación al virus, que de otro modo sería casi insostenible para cualquier sistema sanitario. Pero mi crítica es tratar de manejar el covid como el único problema a resolver a través de ese falso dualismo de vida vs economía. Lo primero es que el Covid no es la única causa de muerte en el mundo, lo segundo es que todas las demás causas unidas son mucho más grandes y las estamos empeorando por tratar de frenar el contagio.

El rápido aumento de la pobreza extrema ha golpeado a una generación, no hay razón para pensar que esto no se traducirá en vidas perdidas.

Los gobiernos tomaron la decisión de asumir un alto costo social con tal de evitar las muertes por Covid. Entiendo a los políticos en esto, para el futuro su gestión va a ser analizada con un sesgo dirigido hacia el cómo manejaron la pandemia, los otros asuntos serán problemas de los que lleguen al poder después.

Es indudable que el modelo de las cuarentenas fue altamente influenciado por lo que sucedió en la provincia de Hubei. Para el éxito de esta medida tenemos que entender que China va en camino a ser el país con el mayor PIB del mundo. Inclusive con una cuarentena tan estricta (las occidentales difícilmente llegaron al grado de rigidez que hubo en Wuhan), China se dio el lujo de terminar el año en crecimiento económico.

El éxito de la cuarentena estricta en la medida que se pudo erradicar el virus también se dio porque el gobierno chino tuvo el potencial económico para sostener la medida. Además, el hecho que sean sociedades más colectivistas, con un gobierno más autoritario permitió una mayor adherencia a las ordenes. Vale la pena mencionar que países democráticos y occidentales también frenaron el virus como lo fueron Australia y Nueva Zelanda, aunque el hecho de ser islas los pudo beneficiar.

Mi problema con las medidas coercitivas en el contexto de un país de renta media como Colombia es que acá todavía hay un problema mayor y es el de la pobreza y la pobreza extrema. De cierto modo, puedo entender las cuarentenas en países ricos, ellos han tenido pocos problemas de magnitudes sociales durante décadas, es entendible que con sus recursos se puedan costear estas decisiones.

El despegue económico también será más fácil para ellos, pero regresando a Colombia debemos asumir que casi de la mitad de la población vive entre pobreza y pobreza extrema, haciendo más duro el manejo de la pandemia. En sociedades tan desiguales como estas se ha descubierto un triste patrón y es que las muertes se concentran en comunidades más vulnerables. El virus no distingue clase social, pero el estado de salud donde incluyen variables como la alimentación o condiciones de vida influyen en el resultado. Eso se explica mejor a través del concepto de sindemia.

Hay diversas vías para alcanzar dicha inmunidad: por medios naturales (las personas infectándose normalmente), vacunación o una mezcla de ambas. Alcanzarla únicamente por vía natural genera una absurda cantidad de muertes que es moralmente reprochable para los estándares actuales.

Uno de los desafíos cognitivos que nos presenta una pandemia es el hecho que sesga la idea de vida vs muerte bajo solo una causa. En el mundo hay diversas formas de morir, y todas ellas juntas superan en número a las del covid (incluyendo enfermedades infecciosas). Pero tal como lo planteaba Daniel Kahneman, nuestra mente reacciona a los fenómenos más sonoros, no los más recurrentes.

Las verdaderas consecuencias de los confinamientos, crisis económica, depresión masiva, niños sin educación, aumento de la pobreza extrema, entre otros se irá conociendo conforme pasen los años. Pero es claro que estamos pagando y vamos a pagar con vidas lo que hoy hacemos para salvar vidas. Solo el tiempo nos dirá si valió la pena ese sacrificio.

(continuará)

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