El emergente poder de los datos

Octava parte de los acontecimientos de la década. Esta vez analizaremos en espécfico la tecnología de los datos, y cómo esto produjo grandes transformaciones a niveles sociales y políticos.

La información siempre ha sido un arma poderosa, por dicha razón los gobiernos gastan millones en servicios de inteligencia para conocer los movimientos de sus posibles rivales. La llegada del internet trajo consigo una proliferación de datos a los que nunca antes tuvimos tanto acceso. Desde compañías privadas hasta gobiernos, estos datos fueron utilizados para la toma de decisiones en campos como la política, cultura o mercadotecnia.

Hay una frase que se acuñó en ciertos sectores críticos de la tecnología de datos: “si tu no pagas por el producto, tú eres el producto”. Internet y las redes sociales facilitaron el trabajo de grandes mercaderistas; plataformas como Facebook o Google encontraron en la libre entrega de datos personales de los usuarios una verdadera mina de oro.

Los usuarios de estas plataformas constantemente damos información a partir de nuestras acciones cotidianas por medio de estos sistemas. Sumado a esta facilidad para recolectar datos, en algunos puntos del planeta los gobiernos han aprovechado estas facilidades para implantar una mayor vigilancia, siendo un ejemplo paradígmatico China.

Dos gigantes de la tecnología de datos

A esta altura cualquier sistema de inteligencia artificial nos conoce mejor que incluso nosotros mismos. Nuestro historial de búsquedas, las fotos que le damos “me gusta”, ubicaciones, nuestras preferencias comerciales, etc. Todo esto nos dará un mejor perfil del nosotros que el que damos a partir de nuestra limitada memoria.

Hasta cierto punto Facebook y Google han manifestado que esto ocurre por motivación voluntaria de los usuarios. Además, se argumenta que el fin es esencialmente comercial, es decir permitir a las empresas hacer un trabajo más eficiente al conseguir nuevos clientes. Si bien hasta ese punto no veo ningún problema (en mis negocios personales me he visto bastante emocionado con estas tecnologías), las consecuencias de la facilidad para usar estos datos es lo preocupante.

Hay una frase que se acuñó en ciertos sectores críticos de la tecnología de datos: “si tu no pagas por el producto, tú eres el producto”

La idea de las noticias falsas es bastante antigua, en la obra “10 días que estremecieron al mundo” de John Reed; se ilustra como en plena revolución rusa estas estrategias fueron utilizadas. Proliferaban noticias de diversos bandos exagerando los errores del otro, o mintiendo deliberadamente. A pesar de su antigüedad, lo que aportó la era del internet fue la descentralización de los medios de información. Las grandes cadenas o algunos poderes corporativos ya no son los únicos encargados de generar una percepción de la realidad.

Internet permitió que diversas personas pudieran crear portales o canales falsos de información, donde se publicaban constantemente noticias falsas según el interés de la agenda. El cáracter viral de internet, donde las personas usualmente son más áfines a compartir ciertas ideas sin hacer un escrutinio de la fuente, fue una de las razones por las que tuvieron tanto éxito.

Durante la campaña de la presidencia de Estados Unidos en 2016, se descubrió que las noticias falsas fueron más compartidas que aquellas con rigor periodístico. La razón de ello es que esa mina de oro que son los datos, también podrían ser utilizados como mecanismos de propaganda. Facebook y Google conocen muy bien de nosotros nuestras preferencias políticas, este tipo de información fue clave para que empresas como Cambridge Analytica las utilizará a su favor.

Cambridge Analytica como la compañía que entendió el poder político de los datos

La estrategia entonces tenía un sistema básico, se aprovechaban los sesgos de las personas contra determinado grupo, se les creaba información con titulares que buscaban llegar a sus emociones más negativas. Por lo tanto, y ante la falta de pensamiento crítico de la sociedad (pensamiento crítico entendido como el auto reconocimiento de nuestro propios sesgos) este tipo de información corrió fácilmente.

Acá se juntaron varios factores: una industria capaz de usar nuestros datos para fines políticos, una mente humana que está más dispuesta a aceptar y compartir información que valide su preconcebido punto de vista.

El poder de los datos en el mundo digital empezó en esta década a mostrar su alcance. Los sistemas de inteligencia artificial que operan a través del Big Data y de los algoritmos están inmiscuidos en varias de nuestras acciones cotidianas. Los gobiernos lo entendieron y han mejorado sus sistemas de seguridad, sobretodo ante la necesidad de ocultar cierto tipo de información. Pero a pesar que los datos tuvieron el poder de controlar, también sirvieron para levantar fuertes cuestionamientos a los gobernantes.

En el año 2006 Julian Assange funda la versión beta de Wikileaks, su proyecto ganó influencia ya a principios de la década de los 2010’s cuando empezó a filtrar información secreta de gobiernos alrededor del mundo. Assange fue perseguido y sumado a sus líos legales con respecto a temas de abuso sexual se le quitó fuerza a un proyecto que todavía es vigente, pero que se cree que llegó a su máxima capacidad de impactar.

Julian Assange

Por otro lado, un ex empleado de la CIA con acceso a importantes documentos, empezó a despertar otra polémica cuando reveló algunos de estos achivos a la prensa. Edward Snowden buscó mostrar la manera en que el gobierno estadounidense gestionó programas de vigilancia masiva.La tecnología que mucho favor nos ha hecho al resolver nuestros problemas cotidianos, también creó nuevos desafios al cuestionarnos nuestra idea de privacidad.

Los datos son una especie de oro del siglo XXI y quienes los puedan entender y usar eficientemente tendrán una ventaja gigante sobre los otros. De un modo u otro los ciudadanos hemos decidido en cierta mayoría y a pesar de las advertencias, seguir otorgando todo este tipo de información a estas compañías. La actual crisis del Covid precisamente ayudó a que este poder de los datos quedaran más al servicio del control.

Si bien desde una postura personal no encuentro grandes problemas en el uso de los datos en materia comercial. La preocupación que emerge es el hecho que se le está dando demasiado poder a instituciones o compañías; y todas ellas pueden caer en manos equivocadas que usen esta fuerza a su favor.

Por lo tanto, y ante la falta de pensamiento crítico de la sociedad (pensamiento crítico entendido como el auto reconocimiento de nuestro propios sesgos) este tipo de información corrió fácilmente.

En este orden de ideas, el nuevo reto es buscar mecanismos en los cuales pueda haber un tipo de manejo más transparente de esta información. Si algo es claro es que esta nueva década de los 2020’s hará más notorio el poder que pueden alcanzar la posesión de estos datos . A pesar que pueda parecer un discurso en contra de los datos, quiero aclarar mi posición tomando una frase de Aldous Huxley: “los medios son una fuerza, son buenos o malos dependiendo de cómo se use” (reemplazar datos por comunicación).

Hemos visto que los datos pueden ser un instrumento útil para el control y vigilancia poblacional. Pero del mismo modo estos datos también nos dan mejor información sobre los errores que cometen los gobernantes y los abusos del sector privado. Por este motivo es que el emergente poder de los datos fue uno de los sucesos más importantes de la década.

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